Bajo perfil

Amado Fuguet Ventura

Cada vez con más frecuencia, los dueños y altos ejecutivos de empresas que hacen vida en el mercado venezolano, están adoptando una política de bajo perfil público. Cada quien tiene sus razones, muy válidas, por cierto. Sigue leyendo

Las fronteras del diálogo

Las fronteras del diálogo

AMADO FUGUET VENTURA

Consultor comunicacional

Toma cuerpo en la agenda de un grupo de empresas y organizaciones venezolanas la necesidad de que se abran espacios para desarrollar un diálogo intenso donde se debatan los asuntos que están generando discordia en la sociedad.

Dos comportamientos perversos han ido caracterizando el entorno: la violencia y el silencio. El territorio del diálogo, efectivamente, tiene esas dos fronteras extremas que limitan la participación, la expresión de opiniones y la generación de ideas. Y, por lo tanto, bloquean las posibilidades de negociar acuerdos satisfactorios para todos los actores.

La violencia tiene varios grados de intensidad, que van desde la descalificación del otro, hasta el insulto y la agresión física, como la sufrida por los colegas periodistas de la Cadena Capriles. Es imposible pensar que desde esta posición alguien pueda salir ganando. Ni el agresor ni el agredido.

En la otra frontera está el silencio. Mientras se cultiva la desconfianza y el miedo, la gente tiende a cuidarse de participar en los espacios públicos, hasta el punto de abstraerse y autocensurarse. El individuo se retira completamente de la realidad nacional.

La violencia y el silencio van minando progresivamente la posibilidad de que se produzcan situaciones de diálogo abierto, sincero y productivo. Van socavando la confianza ciudadana. Es por ello que algunos líderes organizacionales se están movilizando, buscando mecanismos que permitan recuperar el terreno propicio para que todas las partes se escuchen, que comprendan la posición del otro y que se descubran intereses comunes o cercanos desde los cuales encaminar acuerdos.

Angustia organizacional

AMADO FUGUET  V.

Hasta el año pasado, el intercambio comercial colombo-venezolano iba pujante. Durante la década se habían profundizado las alianzas y los acuerdos entre empresas industriales, comerciales, distribuidoras, financieras y proveedoras de servicios de ambos países. Aún en medio de las diferencias entre los gobiernos, la bonanza petrolera hizo que la oportunidad económica superara los riesgos políticos.

En dos o tres ocasiones subieron de tono los conflictos diplomáticos. Y se activaron las alarmas de rigor en las empresas protagonistas de la dinámica económica binacional.

Pero esta vez la angustia organizacional es mayor entre quienes trabajan dentro de las empresas colombianas que se han instalado en Venezuela, las venezolanas que comercian un alto volumen de productos colombianos, las que distribuyen y transportan de lado y lado, y las locales que han buscado oportunidades en Colombia.

Este año el contexto es distinto. El primer semestre registró un volumen de intercambio menor al que venía prevaleciendo.  La disponibilidad de divisas ha afectado seriamente a muchos sectores, como el automotriz. El consumo local también ha disminuido. En ese cuadro, la posibilidad de un cierre de fronteras y la amenaza de expropiación era lo que faltaba.

Los gerentes y los trabajadores de estas empresas, y no sólo sus dueños, han comenzado a preocuparse por lo que pueda ocurrir. Ha sido una semana de angustias. Del estado de tensa calma, algunas de estas organizaciones pueden entrar muy pronto en situación de crisis, con recortes de actividad, de personal o simplemente retirada. Y aunque después de la tempestad venga la calma, la corriente de negocios ya no será la misma.

Comunicadores corporativos

AMADO FUGUET VENTURA

Como buenos periodistas, los comunicadores corporativos escudriñan el entorno de las entidades con las cuales colaboran y evalúan el impacto que en ellas pudieran tener los temas que ocupan a la opinión pública. Monitorean las posiciones de los actores clave sobre asuntos de interés para la organización, analizan las jugadas y movimientos en los mapas de poder, y vigilan los pasos de la competencia y los reguladores.

Se ocupan de comprender el clima interno, las relaciones de los diferentes grupos que hacen vida en las organizaciones, el comportamiento de los líderes, la gerencia media, los supervisores y los trabajadores.

Participan en la definición de las estrategias, o buscan interpretarlas e impulsar su comprensión entre quienes hacen vida en la empresa, primero, y entre los demás actores con intereses en ella, después. Definen los mensajes fundamentales y ponen a funcionar plataformas de medios, canales y programas que permitan orientar, informar, motivar y escuchar. Propician que el liderazgo se involucre y cominique con un alcance interactivo y no sólo divulgativo. Se inmiscuyen en los procesos operativos y actúan como agentes del cambio organizacional. Tienen una clara orientación al cliente interno y externo.

Buscan que sus organizaciones se vinculen a las comunidades, la sociedad, los gremios y las instituciones. Colaboran con sus colegas de los medios. Defienden valores y principios éticos en el ejercicio de su profesión. Sobre todo, nunca pierden su condición de reporteros, por lo que comunican con base en hechos. Para los buenos comunicadores corporativos, la imagen y la reputación se edifican sobre bases sólidas. La palabra no basta.

¿Se salvará la empresa?

AMADO FUGUET VENTURA

¿Tiene futuro la empresa? ¿Hay un plan para afrontar el entorno? ¿Nuestros líderes están preparados? Estas son las preguntas que se están haciendo los empleados de compañías en todo el mundo. En unos casos por el impacto de la crisis económica. En otros por el efecto de las regulaciones. Y en el ámbito de las organizaciones venezolanas, además, por el entorno adverso a la empresa privada.

Lo que está ocurriendo es que las respuestas no han sido satisfactorias. El liderazgo gerencial está fallando, bien porque no tiene las respuestas, bien porque no las han comunicado, o bien porque no han comunicado las razones por las cuales no las tienen.

La más reciente evidencia la acaban de publicar en Londres Financial Dynamics, una agencia especializada en comunicaciones con los inversionistas, y la encuestadora YouGov. Según un sondeo que realizaron entre trabajadores administrativos de diversas empresas británicas, sólo el 15% de los encuestados consideró que su empleador había informado sobre la estabilidad laboral “muy bien”, y un 37% manifestó que la comunicación había sido escasa o inexistente.
Aunque un 81% de los trabajadores aspira que estos asuntos sean tratados cara a cara por la gerencia, esa expectativa se ha cubierto en menos de la mitad.

En investigaciones y consultas que hemos realizado  con colegas que trabajan en gerencias de Comunicaciones o de Recursos Humanos de diversas empresas venezolanas, los resultados son similares.

Ante lo que está ocurriendo en el entorno, los trabajadores se preguntan si la empresa se salvará de la crisis o de una intervención. Los gerentes tienen el desafío de buscar las respuestas y compartirlas con sus colaboradores. Sean buenas o malas. La gente sabe, naturalmente, que su suerte está ligada al futuro de su organización.

Gerentes regionales a prueba

AMADO FUGUET VENTURA

En el interior la recesión está llegando más rápido que en los grandes centros urbanos. Especialmente en zonas donde la economía local está atada casi exclusivamente al  gasto de empresas y organismos públicos o de gobiernos regionales y municipales. O aquellas donde la actividad portuaria o marítima es el eje dinamizador.

En ellas, a la mayoría de los empresarios les tocó en los últimos años sacar provecho de la era del auge petrolero. Había demanda. Surgieron emprendedores. Y los que ya estaban activos crecieron y generaron empleos. Les tocó gerenciar oportunidades.

Ahora tienen abultadas cuentas por cobrar. Quienes tenían movimiento portuario ven menos barcos en el horizonte.  En las tiendas suena menos la caja registradora. Los proveedores  fallan porque no tienen mercancía.  Los contratos por servicios disminuyen.

La actitud gerencial frente a esto no es homogénea. Hay quienes esta incertidumbre los agobia y los paraliza. No es para menos. Pero hay otros que están redefiniendo estrategias y tácticas para mantenerse vivos, e incluso reorientar negocios, con la esperanza puesta a futuro.

Gerencian la crisis o se preparan para ella. Aplican el librito: recortan gastos no relevantes, manejan estrictamente inventarios y gestionan acuerdos con deudores y acreedores. Pero también actualizan sus planes y buscan nuevas formas de mercadeo y nichos de actuación. Y sobre todo, fortalecen al equipo de trabajo que requieren para este reto. Demuestran  su liderazgo ante sus colaboradores: se comunican con ellos, les explican el impacto del entorno y las líneas de acción frente a la coyuntura, y les aclaran las dudas sobre la natural incertidumbre que surge en estas circunstancias. Para ellos no es el momento de apagar la luz. Aunque prendan velas a los santos.