El impacto de las tecnologías sociales en la creación de valor y productividad

Amado Fuguet V.

Incremento en la velocidad de acceso al conocimiento; reducción en los costos de comunicación, viajes y operativos;  mayor rapidez en  interacción con expertos internos; superior satisfacción de los empleados; y más innovaciones exitosas.

Esas son las principales ventajas medibles que han reportado empresas que están usando aplicaciones 2.0 en su ámbito interno. Lo  refleja McKinsey Global Institute, que acaba de publicar un estudio sobre  el impacto que las tecnologías sociales tienen para generar valor y productividad.

El informe refleja que éstas  producen un gran impacto en el desarrollo de productos; los procesos de operaciones y distribución, mercadeo y ventas; y los servicios al consumidor.  Pero resalta que las tecnologías sociales potencian la colaboración y la comunicación interna, y facilitan una mejor conexión del talento con  las tareas.

Hay una observación interesante de los expertos de McKinsey: el e-mail será progresivamente desplazado por los medios sociales, lo que hará más productivos a los trabajadores, al compartir y buscar información útil para su gestión.

Existen riesgos, como la posible pérdida de tiempo (el “chateo” sobre temas no vinculados al trabajo). Por eso advierten que deben producirse transformaciones culturales que serán inevitables.

La tesis de McKinsey es que las empresas aún no han descubierto ni aprovechado el valor y la productividad que potencialmente crearán las redes sociales. Aquellas que no las adopten, perderán una gran oportunidad y podrán quedarse en el camino. Y muy pronto, porque los cambios jamás se habían  dado con la velocidad de los últimos diez años.

El uso de las redes sociales en el trabajo

Amado Fuguet V.

 ¿Deben las empresas permitir el uso de las redes sociales entre sus trabajadores?, fue la pregunta que se planteó Pedro Rojas, especialista en gestión de redes sociales en España, ante los asistentes del foro Gerencia 2.0 que se realizó en el IESA la semana pasada.

Este dilema lo hemos encontrado con frecuencia en empresas venezolanas. Ocurría también cuando surgió el correo electrónico. La duda parte por varios riesgos y que van desde problemas de seguridad hasta la posibilidad de que el personal baje su productividad.

Pero a diferencia de la época cuando existían las dudas sobre el e-mail, ahora el personal tiene en su mano un móvil con acceso a Internet, casi siempre de propiedad personal. No hay olvidar que ya son casi 11 millones los venezolanos con acceso a Internet y que casi todos con edad para trabajar poseen un celular.

Como lo dijo Rojas: en muchos casos los dispositivos móviles que usa el personal son tecnológicamente más avanzados que los PC que disponen las empresas. Y, además, existen puestos de trabajo donde no se requiere PC.

Lo que corresponde es aprovechar esta realidad, con estrategias para el uso productivo de las redes sociales. Esto supone contar con objetivos claros, formar a los trabajadores, crear comunidades internas y externas, asignar tareas en estos ámbitos, hacer seguimiento  y diseñar políticas de uso.

Al fin y al cabo, coincidimos con Pedro Rojas en que el empleado que pierde tiempo en el trabajo lo hace más por falta de motivación que por estar conectado a Facebook o Twitter.

Llega la era de las redes sociales internas

Amado Fuguet V.

Si existe algún ámbito donde reinan las redes de intercambio entre personas es en las organizaciones. Las interconexiones se superponen a la estructura formal jerárquica, creando una organización informal que, en cierta medida, refleja  la caracterización de la cultura comunicacional interna.

Esta realidad se está reforzando con el uso intensivo de los medios sociales digitales. Lo que antes ocurría en la cafetería o el comedor de la empresa, por el teléfono fijo o, en épocas más recientes, por el e-mail corporativo y el mensaje de texto; ahora se escenifica en el mundo de las redes sociales.  El “radio-pasillo” ha encontrado un par muy poderoso: el “Twitter-pasillo”.

Muchas empresas, por razones de seguridad de la información en unos casos o para evitar distracciones del personal en otros, todavía restringen el acceso a Internet. Es entendible que así sea. Sigue leyendo