Diagnosticar la comunicación o navegar al hiperespacio sin piloto

Gustavo Pernalete

HiperespacioSeguimos constantando un signo de debilidad estructural en las organizaciones: no diagnostican sistemáticamente su gestión al comunicar. Cualquiera puede preguntarse, ¿es esto realmente importante? Veamos. Si el diagnóstico es a la comunicación estratégica lo que escuchar es a la relación interpersonal, la respuesta es sí, es importante.

Diagnosticar es escuchar a la organización. Si no lo hacemos la supervivencia de la comunicación está en riesgo y por lo tanto su vitalidad.

Alertar al top management de la necesidad de diagnosticar la eficiencia de la estrategia implementada es tarea del equipo de comunicaciones. Ello permite no perder de vista la importancia de medir y conocer, de comparar y corregir, de escuchar a la organización.

Esto es acoplar la comunicación: partiendo de lo escuchado, generar mensajes coherentes de aquello que decimos. Con periodicidad y sistemáticamente.

Es frecuente hacer diagnósticos para luego dejar que un piloto automático haga el trabajo por años, sin supervisar que el curso fijado por la “nave” no haya sido afectado. Como lo que hace Han Solo con el Alcón Milenario en la saga cinematográfica de Stars Wars. Activa coordenadas galácticas y zoom, nos vamos al hiperespacio sin nadie al volante.

Realizar diagnósticos periódicos de la gestión de las comunicaciones nos revela cuán bien lo estamos haciendo. Equivale a entender si el plan de vuelo programado nos permite hacer el viaje que queremos y llegar al destino deseado.

Y es también una herramienta vital para evaluar el desempeño de los managers, actores que tejen la red de relaciones que hacen a una organización viable.

La ciencia ficción delega múltiples responsabilidades a la maravilla tecnológica de lo exacto;en comunicaciones pilotamos operando instrumentos, que miden la trayectoria y evitan que impactemos o simplemente que visitemos el planeta equivocado, declarando una misión fracasada.

Artículo originalmente publicado en el Blog Comunicación e Industria –> http://gustavopernalete.com /

El entorno exige más comunicación interna

Amado Fuguet V.

En las empresas, por naturaleza, el clima y las relaciones de trabajo son condicionantes para generar confianza mutua e impulsar el compromiso necesario para que la productividad, el desarrollo organizacional y la imagen generada por el personal, propicien el alcance de los objetivos estratégicos y el logro de las metas operativas.Trabajadores en Venezuela

Pero cuando el entorno se torna áspero, toma sentido de urgencia fortalecer los lazos con los colaboradores. Es de interés compartido por parte de empresarios, gerentes y trabajadores comunicarse efectivamente en función de hacer causa común para mitigar los embates derivados tanto del contexto económico y de mercado, como de las actuaciones de otros actores contra las organizaciones.

Está comprobado que en las encuestas de clima interno, la gestión comunicacional es una de las variantes en las cuales que el personal es más crítico.

Los trabajadores aspiran no sólo que los medios internos los mantengan debidamente informados y orientados, sino que sus jefes y la gerencia les permitan un mayor nivel de intercambio. Cada vez más dentro de sus expectativas figura un mayor reconocimiento y el establecimiento de retos claros que los motiven, así como una actitud de escucha e integración.

No atender estas demandas crea un vacío que es olfateado por otros actores para pescar en río revuelto y generar asperezas mayores entre las empresas y sus trabajadores.

El caso venezolano es claro en este sentido. Existe un entorno político de animadversión contra el sector privado que hace impostergable que los empresarios y sus ejecutivos asuman la comunicación interna como prioridad en su agenda.

Si en tiempos de normalidad es una necesidad, en momentos de turbulencia es un desafío de primer orden.

Mejorar los procesos y medios comunicacionales de la empresa, así como generar conciencia tanto entre los dueños como entre los gerentes y jefes de que es indispensable orientar, informar, integrar, motivar y escuchar; es uno de los grandes retos que tienen las organizaciones de esta época.

Foto: ArchivoPanorama

La responsabilidad social laboral

Los colaboradores tienen un gran impacto en la imagen y reputación de una organización. Si ésta desarrolla iniciativas de RSE y respalda y promueve internamente  la vocación comunitaria de su personal, tendrá más posibilidades de consolidar su proyección como entidad socialmente responsable.

Amado Fuguet V.

red colaboradoresLa inclinación por el deporte de Jacinto Fernández, miembro de una cuadrilla de instalación de equipos al cliente de una empresa de servicios de televisión por suscripción, le ha llevado a formar parte del equipo de entrenadores de fútbol de niños y jóvenes en un barrio caraqueño. Lo hace en su tiempo libre.

Hace dos años planteó a la empresa que lo apoyara con implementos y uniformes. Un comité analizó el caso, le aprobó los recursos, y le pidió que contara la experiencia a otros trabajadores, en un esfuerzo por replicarla en otras zonas de la ciudad en distintas especialidades. Era una gran oportunidad para un nuevo espacio de voluntariado.

Son muchas las manifestaciones de vocación comunitaria en el personal de una empresa. Pueden darse por iniciativa individual, o a través del estímulo no obligatorio por parte de la organización.

Cada vez más el mejor talento se siente atraído por trabajar en sitios donde hay cultura de responsabilidad social. Eso significa que, más que altruismo o filantropía, buena parte de los miembros de la organización participan en programas comunitarios de cualquier índole. Y la empresa como tal los promueve, los organiza  y les da el soporte para que sean efectivos.

En este proceso es indispensable desarrollar programas de comunicación interna:  el colaborador  que conoce y participa en programas de este tipo, se identificará cada vez más con la organización, y se convertirá en el vocero más efectivo hacia las comunidades, los clientes y la sociedad en general, sobre la responsabilidad social de la empresa o institución donde orgullosamente trabaja.

Foto de Pixabay.

Y con ustedes, la cultura del reposero

Amado Fuguet V.

ausentismoUn operario de una fábrica de helados venezolana lucía alegre en las fotos que había publicado en Facebook. Se encontraba en un país caribeño, celebrando. Sus amigos pulsaban “Me gusta”. O agregaban comentarios del tipo: “¡Qué fino! Pásala bien…”.

El episodio es rutinario. Es lo que todo el mundo hace en las redes sociales. Pero no para su supervisor. En su pequeño escritorio de una esquina de la planta, tenía una gruesa carpeta de reposos médicos. Y entre ellos el del protagonista de las fotos. El operario no estaba disfrutando sus vacaciones anuales. Supuestamente estaba en cama por prescripción médica.

En su unidad, este supervisor no había podido cumplir con sus metas de producción del año. Había meses en los cuales 3 de cada 10 miembros de su equipo no asistían al trabajo. En otros tiempos, cuando él era operario, el promedio no llegaba a 1 por cada diez. Para colmo, el sindicato a cada rato paraliza la planta.

No se trata de una situación aislada. El “reposerismo” es una de las tantas manifestaciones del ausentismo que se está propagando en las empresas. En algunas este comportamiento se está incubando en la cultura organizacional: “Si los demás faltan, ¿porqué no puedo hacerlo yo también?”.

Las autoridades laborales no están procesando las peticiones de despidos por ausentismos no justificados. Por eso faltar al trabajo no es un riesgo.

Por fortuna, la mayoría de los trabajadores resisten responsablemente esta tentación. Saben que al disminuir drásticamente la productividad, las empresas no tienen vida. Si no producen, no hay ventas. Pueden perder justos por pecadores. Arruinar la fuente de empleo no es una opción.