La Comunicación 2.0 fortalece alianzas y coaliciones

Amado Fuguet V.

De las estrategias probadas en los procesos de cambio organizacional, destaca una que es crucial para el éxito: la formación de coaliciones.

La razón es muy simple. Al formar alianzas con grupos e individuos de distintas áreas y niveles, se amplía la base de poder y con ello la capacidad de influencia.Coaliciones

Crear redes con quienes están en posiciones  con capacidad para tomar decisiones, con aquellos que tienen  conocimiento e información relevante,  o con personas que  poseen liderazgo y reputación en diferentes grupos; facilita el desarrollo de los proyectos de cambio y de iniciativas de cualquier dimensión.

Implica una actitud sólida de comunicación abierta. Formar coaliciones es crear comunidades a las cuales hay que orientar e informar, y muy especialmente escuchar y observar permanentemente. Es mantenerlas integradas y motivadas.

Ese es precisamente el fundamento de la Comunicación 2.0. Y es un comportamiento que se manifiesta tanto en conexiones presenciales como digitales. Es un dueto poderoso.

El uso de medios sociales en la organización adecuadamente planificados  constituyen  una gran oportunidad para mantener conectadas a las redes de alianzas, compartir  información y ayudar a superar las resistencias.  Pero deben funcionar en paralelo con la comunicación cara a cara que debe darse entre individuos y grupos. Una coalición sin condimento presencial  pierde efectividad.

El apoyo político de quienes toman las decisiones y el del personal que se encarga de desarrollar y protagonizar los proyectos  de cambio son necesarios para cantar victoria. Y para ello hay que crear conexiones sociales. La Comunicación 1.0, un estilo en el que priva lo unidireccional y lo reactivo, no pasa el examen.

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Redes presenciales y digitales en la organización

Amado Fuguet V.

La "redarquía": ¿compite o convive con la "jerarquía"?
La “redarquía”: ¿compite o convive con la “jerarquía”?

En una sesión de consultoría, nos relataba la Gerente de Gestión Humana de una empresa del sector de salud, que había notado dos estilos de comunicación informal.

“Hay quienes se agrupan a tomar café o a conversar en la puerta de alguna oficina, pero también los que no se apartan de la PC o desde el teléfono móvil para chatear o enviarse pins”, describía.

¿Es algo extraño? Para nada. Es lo que está ocurriendo con mayor frecuencia en muchas organizaciones. Y no es sólo para establecer conversaciones sobre asuntos extrafábrica o extraoficina. La mayoría de las veces suele ser sobre temas relacionados con la empresa. Sigue leyendo

La complejidad organizacional exige habilidades socioemocionales

Amado Fuguet V.

Decía hace unos días Emiliana Vegas, Jefa del Área de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo, en una entrevista en El País de España, que los empleadores cada vez más reclaman habilidades socioemocionales en sus talentos.Habilidades para comunicarse y relacionarse

Refería la existencia de estudios según los cuales logran mejor salario y consiguen más oportunidades laborales quienes poseen competencias blandas, como saber comunicarse, relacionarse y trabajar en equipo, entre otras.

Se supone que existen brechas entre lo que se necesita y lo que se encuentra en los candidatos para  distintas posiciones técnicas o administrativas.  El  asunto se haría más crítico cuando se trata de gerentes, coordinadores y jefes.

La complejidad de los procesos hace necesaria una interacción más dinámica y efectiva entre los distintos individuos y grupos que conviven en la organización. Más aún si existen actores externos que aspiran una mayor conexión.

Es cierto. El conocimiento especializado, adquirido mediante el estudio y la experiencia, es fundamental. Pero es insuficiente si no existe sensibilización y desarrollo de habilidades orientadas a la conversación, la empatía y la escucha.

“Hay que trabajar con otros para solucionar problemas complejos como los que hoy enfrentamos”, manifiesta la especialista del BID.

Tiene razón. Un egresado de una universidad debería haber desarrollado esas competencias. Cuando no es así, las organizaciones tienen el reto de formar a la gente para que sepan cómo relacionarse y comunicarse. Las nuevas realidades así lo exigen.