¿Comunicación abierta o cerrada en la empresa?

Amado Fuguet V.

Si bien entre una organización y otra hay diferencias en sus culturas comunicacionales, es posible determinar algunos aspectos que, al menos, permiten categorizarlas para así comprender comportamientos típicos.

Existen organizaciones donde sus grupos e individuos poco se comunican, donde los silos se convierten en barreras infranqueables que impiden el intercambio de ideas, criterios e informaciones. Cada quien se encierra en su nicho, y sólo comparte contenidos con otros cuando las circunstancias lo exigen.

Este tipo de cultura de comunicación cerrada se da generalmente en organizaciones autoritarias, donde se entiende comunicar como dar órdenes, y donde se estima que información es poder, por lo que compartir es sinónimo de pérdida de poder.

La comunicación vertical y horizontal en este tipo de ambientes culturales es muy limitada.

Existen, por otra parte, organizaciones donde es posible observar una mayor apertura, derivada más de las exigencias situacionales tanto internas como externas.

Los individuos y los grupos, en estos casos, son capaces de abrirse, pero selectivamente y temporalmente, para dar respuesta a circunstancias que pueden suponer riesgos o pérdidas de oportunidades.

Sin embargo, por ser coyuntural, la comunicación viene antecedida por la duda y la resistencia, lo que le resta eficacia.

La comunicación reactiva, de esta forma, se abre momentáneamente. Es como los típicos operativos que se despliegan en determinadas situaciones. Son efectistas, pero no permanecen.

La cultura de comunicación abierta, en cambio, se caracteriza porque en la organización prevalece el intercambio de contenidos. Los niveles superiores ofrecen dirección e información y al mismo tiempo escuchan y observan lo que ocurre en la organización.

En este ambiente, los grupos contrastan opiniones, intercambian ideas y cruzan información para lograr los resultados estratégicos.

Son organizaciones donde se estimula y premia la comunicación abierta y, aunque existan procesos formales para toma de decisiones y responsabilidades bien definidas, se desvanecen los muros de los silos y las distancias entre los cargos gerenciales y los de base.

Este texto forma parte de un artículo del autor publicado originalmente en la revista Business Venezuela

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