Los retos del consultor comprometido

Amado Fuguet

Si un consultor de procesos, antes de ingresar a un sistema organizacional, comprende y practica un conjunto de premisas recomendables para ofrecer un servicio de calidad profesional, lo más probable es que pueda impactar positivamente a la entidad a la cual asiste, o al menos podrá sortear con mayor éxito las naturales barreras que surgen cuando se inicia un programa de intervención de este tipo.

Una de estas premisas es que le corresponde tener una visión holística del sistema, es decir, la organización, sus grupos y sus individuos, además del entorno. Y esa comprensión debe abordarla y procesarla a través de una óptica multidisciplinaria, tomando en cuenta los aportes que distintas profesiones han ido introduciendo al desarrollo organizacional. La psicología, la sociología, la antropología, la economía, entre otras, son disciplinas que permiten explicar los procesos de las organizaciones, así como las acciones que pueden facilitar los cambios que éstas puedan requerir.

Desde que pisa el umbral de la organización, el consultor en la práctica comienza a intervenir. Es por ello que, desde un principio, debe cuidar un conjunto de variables que le permitan incorporarse al nuevo sistema. Buscar su aceptación, entender su rol y el de los demás, comprender los juegos de poder internos, así como aclarar objetivos y expectativas, son aspectos fundamentales que facilitan la práctica de la consultoría. Es bueno para el consultor y su cliente.

De alguna manera esto tiene mucha relación con la comprensión de que, desde el principio, está interviniendo. El diagnóstico, en este sentido,  es el inicio de este proceso y donde podría darse la comprensión real de la situación del cliente. Diagnóstico que, por cierto, no debe reducirse exclusivamente con la información que pueda generar un instrumento, como una encuesta, por ejemplo. Parte del análisis provendrá de las mismas conversaciones iniciales, que deben ser observadas en detalle por parte del consultor.

Esta etapa del diagnóstico, además, si es bien conducida por el consultor, puede ser la génesis de la comprensión y sensibilización que necesita el cliente para actuar y emprender el proceso de cambios que necesita.

Así manejada, se puede desarrollar un deseable compromiso del cliente con el proyecto, pero también del consultor con el cliente. E, incluso, consigo mismo.

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