El reto de la microeconomía

AMADO FUGUET VENTURA

La crisis económica que se ha ido incubando en el mercado local tiene dos componentes. El macro, caracterizado por la caída del PIB, la creciente inflación, el aumento del desempleo y la devaluación implícita del bolívar, como lo han advertido muchos economistas y ha comenzado a reconocer en público el gobierno. Y el micro, que alcanza el comportamiento de los agentes económicos: las empresas, los consumidores, los trabajadores, los ahorristas y los inversionistas.

Ana Julia Jatar, por muchos años profesora de microeconomía, sostiene la tesis de que es justo allí, en el ámbito empresarial, donde está la verdadera bomba. “El riesgo de una crisis microeconómica es una realidad cierta en Venezuela”, ha dicho.

La falta de repuestos e insumos, los problemas sindicales, la prestación deficiente  de los servicios públicos, las nuevas regulaciones, las tomas de empresas, por nombrar algunos factores que inciden en el comportamiento operativo de las empresas, están impactando la productividad y los niveles de producción, sin mencionar el eco que tal cuadro genera  en el clima de las organizaciones.

Es una situación que progresivamente se ha ido adueñando de las agendas de los ejecutivos venezolanos, tanto en empresas privadas como públicas.  Y está exigiendo respuestas  gerenciales en todas las áreas de las organizaciones, desde las operativas, pasando por  las financieras y de mercadeo, hasta las relacionadas con los recursos humanos.

El liderazgo en las empresas está pasando por una dura prueba. Algunos ya han  tirado la toalla. Otros están en cuarentena. Pero también hay quienes se han fajado con sus equipos de trabajo para no sucumbir y seguir creciendo.

Bajo perfil

Amado Fuguet Ventura

Cada vez con más frecuencia, los dueños y altos ejecutivos de empresas que hacen vida en el mercado venezolano, están adoptando una política de bajo perfil público. Cada quien tiene sus razones, muy válidas, por cierto. Sigue leyendo

Las fronteras del diálogo

Las fronteras del diálogo

AMADO FUGUET VENTURA

Consultor comunicacional

Toma cuerpo en la agenda de un grupo de empresas y organizaciones venezolanas la necesidad de que se abran espacios para desarrollar un diálogo intenso donde se debatan los asuntos que están generando discordia en la sociedad.

Dos comportamientos perversos han ido caracterizando el entorno: la violencia y el silencio. El territorio del diálogo, efectivamente, tiene esas dos fronteras extremas que limitan la participación, la expresión de opiniones y la generación de ideas. Y, por lo tanto, bloquean las posibilidades de negociar acuerdos satisfactorios para todos los actores.

La violencia tiene varios grados de intensidad, que van desde la descalificación del otro, hasta el insulto y la agresión física, como la sufrida por los colegas periodistas de la Cadena Capriles. Es imposible pensar que desde esta posición alguien pueda salir ganando. Ni el agresor ni el agredido.

En la otra frontera está el silencio. Mientras se cultiva la desconfianza y el miedo, la gente tiende a cuidarse de participar en los espacios públicos, hasta el punto de abstraerse y autocensurarse. El individuo se retira completamente de la realidad nacional.

La violencia y el silencio van minando progresivamente la posibilidad de que se produzcan situaciones de diálogo abierto, sincero y productivo. Van socavando la confianza ciudadana. Es por ello que algunos líderes organizacionales se están movilizando, buscando mecanismos que permitan recuperar el terreno propicio para que todas las partes se escuchen, que comprendan la posición del otro y que se descubran intereses comunes o cercanos desde los cuales encaminar acuerdos.

Angustia organizacional

AMADO FUGUET  V.

Hasta el año pasado, el intercambio comercial colombo-venezolano iba pujante. Durante la década se habían profundizado las alianzas y los acuerdos entre empresas industriales, comerciales, distribuidoras, financieras y proveedoras de servicios de ambos países. Aún en medio de las diferencias entre los gobiernos, la bonanza petrolera hizo que la oportunidad económica superara los riesgos políticos.

En dos o tres ocasiones subieron de tono los conflictos diplomáticos. Y se activaron las alarmas de rigor en las empresas protagonistas de la dinámica económica binacional.

Pero esta vez la angustia organizacional es mayor entre quienes trabajan dentro de las empresas colombianas que se han instalado en Venezuela, las venezolanas que comercian un alto volumen de productos colombianos, las que distribuyen y transportan de lado y lado, y las locales que han buscado oportunidades en Colombia.

Este año el contexto es distinto. El primer semestre registró un volumen de intercambio menor al que venía prevaleciendo.  La disponibilidad de divisas ha afectado seriamente a muchos sectores, como el automotriz. El consumo local también ha disminuido. En ese cuadro, la posibilidad de un cierre de fronteras y la amenaza de expropiación era lo que faltaba.

Los gerentes y los trabajadores de estas empresas, y no sólo sus dueños, han comenzado a preocuparse por lo que pueda ocurrir. Ha sido una semana de angustias. Del estado de tensa calma, algunas de estas organizaciones pueden entrar muy pronto en situación de crisis, con recortes de actividad, de personal o simplemente retirada. Y aunque después de la tempestad venga la calma, la corriente de negocios ya no será la misma.